El arte del buen discurso

EL ARTE DEL BUEN DISCURSO. 
Por: Ana María Khouri 

Un discurso no sólo le compete a los presidentes y líderes de la sociedad; dar un buen discurso nos compete a todos.  Al expresarnos de forma pública, en las reuniones sociales o en nuestro chat o status de Twitter, Facebook y otras redes sociales, la palabra debe convertirse en un don que se vea reflejado desde cada una de nuestras disciplinas y hacía la construcción de una mejor sociedad. 
Y es de buen saber que cuando se trata de política y religión los temas de discusión pueden subir el tono hasta dentro de las mejores familias. Hay temas que nos recuerdan lo importante de ser tolerantes y respetuosos con la opinión ajena. Y entre más avanzamos tecnológicamente, más importante somos en opinión, porque estamos más expuestos; hoy en día nuestra opinión puede ser de dominio público si así lo quisiéramos. 
Poco a poco con las redes sociales y los chats vamos perteneciendo a otros grupos sociales, nos conglomeramos de todas las formas posibles: grupos de Facebook y chats de familia, compañeros de trabajo, amigos del colegio, amigas íntimas, los del equipo, los de la iglesia, los padres del jardín de los hijos, etc. Esta sociedad virtual que nos hace pertenecer a múltiples escenarios simultáneamente nos deja una tarea bien amplia con el uso de la palabra.
A diario me tomo el trabajo de leer a mis amigos, conocidos y desconocidos en las redes sociales y he podido darme cuenta de la poca responsabilidad de algunos en sus status con opiniones, videos compartidos que muchos son montajes o violentos que despiertan el morbo de los demás; y me pongo a pensar: ser o pretender ser un exitoso economista, educador, psicólogo, comunicador social, abogado, empresario  o ama de casa no siempre se refleja en los resultados laborales, sino en la forma cómo los demás nos perciben y la palabra ayuda a construir ese imaginario. 
En el afán de probar nuestro punto de vista, he visto de todo; por ejemplo, educadores hablando de un futuro poco esperanzador, acaso los profesores no deben inculcar desde pequeños a que los niños generen una cultura de paz, o por lo menos que crean en ella? ¿Con qué herramientas van los educadores a generar un sentimiento patriota y nacionalista en las nuevas generaciones, si su status dice: “país de mierda”. Para serles sincera, si tuviera hijos creo que esta sería un gran motivo para mi a cambiarlo de curso.  
Existe un pequeño, pero trascendental componente del discurso: la intención. Cuando opinamos, debemos preguntarnos: ¿Cuál es mi intención? ¿A dónde quiero llegar? Y ese objetivo, si queremos contribuir a la humanidad, debe ser positivo al igual que los medios para conseguirlo porque si no, estaríamos cayendo en la validación del odio, la mentira y los miedos para alcanzar un fin. 
Por consiguiente, creo que las redes sociales son una excelente plataforma para dar puntos de vista y ¿por qué no? quejarse, siempre y cuando la intención sea constructiva y no destructiva, defendiendo la verdad y conociéndola, sin tanta pereza de investigar y siendo críticos a lo que leemos, oímos y vemos. 
Concluyo entonces, con una invitación: seamos coherentes con nuestras acciones y palabras, que el don de la palabra nos haga ser mejores individuos, y que la ética como profesionales y ciudadanos no caiga en una simple opinión irresponsable, sino que ayude a construir una mejor sociedad con un proyecto colectivo exitoso basado en la tolerancia y el respeto; el arte del buen discurso nos compete a todos. 

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